Reformulación de la Didáctica de la Confesión
en la Iglesia Católica

No se pretende, en lo más mínimo, entrar en conflicto debido a estas notas, ni contradecir la doctrina de la Iglesia católica romana. Se pretende más bien emitir unas breves sugerencias psicopedagógicas, para que sean tomadas en cuenta cuando se considere prudente.

Por otro lado, este vaivén de tener que confesarse para poder comulgar, aunque no lo faciliten los mismos sacerdotes, genera una cadena de sobresaltos en el crecimiento espiritual, ya que el enfoque de la confesión es como un eslabón para acceder a la comunión de ese día o para evitar estar sin la Gracia de Dios, con lo cual no se generan auténticos pasos de un crecimiento espiritual sostenido, sino que este mecanismo rudimentario da lugar a una práctica religiosa entrecortada, basada en un temor por desconocimiento de la bondad de Dios y en un desenfoque de lo que significa permanecer en el pecado. Si razonamos por oposición, el alma jamás se irá limpiando si no dejamos que penetre con enorme serenidad y fe en la auténtica Gracia de Dios, que se asemeja más a un proceso incremental continuo, con sus altibajos, por supuesto, pero que se graficaría como una pendiente ascendente constante, antes que como el electroencefalograma de una persona en estado de epilepsia. Es que hemos venido practicando el proceso del perdón y del crecimiento, del acercamiento a Dios, de una manera epiléptica, con avances muy reducidos en la fe. El sentimiento de resurrección debe darse de manera paulatina; lejos de una sensación de azar, debe generar la convicción de que así será y de que estamos en camino. Dios es un ser lleno de misericordia, pero desea que participemos de la Cruz de Cristo de una manera armoniosa, con gran respeto hacia los mandamientos de la caridad, hacia lo que representa el Dador de Vida en nuestra existencia, pero sin que esto implique un pánico inducido que opera en desmedro de la misma naturaleza de la fe, que debería ser de confianza en Dios. Es por este mismo error en la concepción que las malas prácticas de la Iglesia han perdurado por años, que se ha sometido a los fieles a tormento y esclavitud, que han aumentado los poderes de la Iglesia, cuando el verdadero sentido de un sacramento no debería ser obligatorio, sino que debería fluir para realizarse cuando se dé una conexión y las circunstancias lo permitan. Evidentemente, hay que salir del estado de pecado.

A través del Test del Alma y del método de los Engranajes Ascendentes de Consciencia pretendemos, bajo pedido del mismo Dios, que los seres humanos entren en una tónica de verdadera fe y crecimiento espiritual, en el cual los sacerdotes puedan ser eventualmente grandes facilitadores, pero no verdugos con el poder para hacer cumplir la salvación o la condenación. De ninguna manera ellos podrán estar por sobre el cordón íntimo de comunicación que tiene cada fiel con el Espíritu Santo y su Gracia. En un ámbito más personal, cuando un feligrés decida tomar la guía de un sacerdote, cuando tenga una auténtica necesidad de liberar su consciencia y recibir adecuado consejo, podrá utilizar las gracias que derraman en un sacramento bien concebido. Pero jamás deberán utilizarlo como un lavado de manos y una desvinculación de las verdaderas obligaciones, entre las cuales una de las más importantes es el deber de crecer de manera permanente en la fe, el amor, el sentido de justicia, la entrega y la búsqueda de una vida que lleve bienestar. Un enfoque equivocado de la confesión puede llevar incluso al facilismo de aliviar la conciencia de quien ha pecado saltándose ciclos de reflexión y dolor que son necesarios para poder enmendarse y crecer.